
Conquistado
el yelmo de Mambrino, «almorzaron de las sobras del real... y bebieron
agua del arroyo de los batanes» XXI, pág. 265. Caminaban, pues, al norte y
más tarde Sancho comenta que se gana poco con «estas aventuras... por
estos desiertos y encrucijadas» id; encrucijada ya hemos visto que lo era,
desierto a esta zona, también Quevedo años después lo llamaría.