
Llegan
al prado donde después de cenar les aterra el ruido de los
batanes. «Digo que
oyeron que daban unos golpes a compás, con un cierto crujir de hierros y
cadenas, acompañados del furioso estruendo del agua» C XX P-236.
O
sea, que no sólo eran golpes acompasados del batán, sino otros más que
pueden corresponder a molinos de piedra, lavaderos de lana, cardas, saltos
de agua, y otros correspondientes a las instalaciones que hemos dicho.
Entre
las funciones de Cervantes estaba la de vigilar la molienda del trigo para
la Armada Invencible, estos molinos eran de los mejores de la zona y
posiblemente Cervantes conocería el ruido que aquí se originaba.
Por
miedo o por frío tiene Sancho los «retortijones» que hacen decir a Don
Quijote, «en que ahora más que nunca hueles, y no a Ámbar». C. XX P-246 y
247.
Estamos
a 1.005 metros de altitud, clima extremado, mañanas muy frías y, por
tanto, propiciadoras de «retortijones» semejantes.
Aclarado
el ruido que los asustó la noche anterior, continúan su caminar por el
camino de su derecha mano y hacia el camino real donde se encuentran con
el barbero, XXI, págs. 265 y 259, que iba a trabajar muy de mañana a una
pequeña aldea que podría ser Cañamares o Povedilla, ambas distantes como 6
o 7 kilómetros y llamada la segunda por entonces La Povedilla.