
Se
encuentran con dos clérigos y dos labradores en la misma dirección que les
invitan a ver la mejor boda de la Mancha «si vuesa merced no lleva camino
determinado... se venga con nosotros; verá una de las mejores bodas y más
ricas que hasta el día de hoy se habrán celebrado en la Mancha», CXIX,
pág. 938; con ellos se van y encuentran preparado para la boda entre otras
cosas «danzas así de espadas como de cascabel menudo», XIX, pág. 939;
danzas que trocando espadas por garrotes todavía se bailaban en Ossa de
Montiel hace unos años y que ganaron un premio en Televisión hacia los
años setenta; el pueblo o lugar de las bodas de Camacho —que
tradicionalmente se sitúan por allí— pudo ser Alhambra, en la misma
dirección y a unos dieciocho kilómetros de La Solana.
Nos
dice que las bodas se celebraban en un prado cercano, no en el pueblo y
conociendo Alhambra, construida como castillo o fortaleza sobre un monte,
nada más necesario que para hacer una celebración tan populosa tenerse que
salir del pueblo a lugar más despejado.
A
Camacho el rico, que no era del pueblo de la novia hay quien lo identifica
con algún hijo o pariente de Juan Pérez Cañuto, que poseía como diez
molinos, una hacienda mayorazgo en Fuenllana por valor de 60.000 ducados y
que donó el hospital de Santiago en Villanueva de los Infantes; y nada más
lógico que cambiar novelándolo, sobre todo después del fracaso de la boda,
por aquello del apellido Camacho.