
Llevando
Sancho la carta a Dulcinea, ya en el camino real y buscando el del Toboso,
supongo que ahora iría a dicha Venta por el camino más corto, y si lo
buscaba es porque no era el mismo que habían traído, por Torre de Juan
Abad y Cózar, llega a la venta del manteo «otro día a la hora de comer»
XXVI, págs. 348 y 349, «en saliendo al camino real, se puso a buscar el
del Toboso, y otro día llegó a la venta donde le había sucedido la
desgracia de la manta... por ser la hora de comer.» Lo que nos hace
suponer que esa noche durmió probablemente en Venta Nueva, antes del
Villar, perteneciente por entonces al Duque de Feria, donde también
pernoctó Cosme de Médicis, perfectamente descrita y documentada por
Corchado Soriano.
Esta
venta, hoy casa de labor, está en plena Vía Augusta antes de entrar en
Sierra Morena, a ella confluyen varios caminos antes de cruzarla, uno de
ellos el citado camino de carros de Andalucía, curiosamente al terreno
circundante todavía se le sigue llamando «el llano» y conserva una cocina
peculiar posiblemente de la época, distando como unos 20 kilómetros o
media jornada de la que suponemos venta del manteo de Sancho.
Llevando
la carta se encuentra Sancho en la venta que lo mantearon con el Cura y el
Barbero que iban en busca de don Quijote, y a medio día se vuelve con
ellos a buscarlo, debieron dormir nuevamente en la citada
Venta Nueva, pues llegaron
otro día a las tres de la tarde a las señales de retama que había dejado
Sancho, XXVII, págs. 356 y 369; hallando a don Quijote como a unos tres
cuartos de legua en el lugar de su penitencia, XXIX, pág. 402.
Ya
todos de vuelta a su pueblo, se adelantaron el Cura y el Barbero por ir a
pie y más deprisa, y esperan a los demás en «el llano», XXIX, pág. 407;
debieron dormir otra vez en Venta Nueva, pues no llegan a
la del manteo de Sancho
«que estaría como a dos leguas», hasta otro día a la hora de comer, XXIX,
pág. 409. En el camino dice don Quijote a Sancho: «de que me parece que
fuiste y viniste por los aires, pues poco más de tres días has tardado en
venir desde aquí al Toboso, habiendo de aquí a allá más de treinta
leguas». XXXI, pág. 429; distancia real poco más o menos del Toboso al
lugar que describo.
Subiendo
de Sierra Morena, dice también el Cura a la princesa Micomicona: «si es
así, si vais al reino de Micomicón, y embarcáis en Cartagena, por mitad de
mi pueblo hemos de pasar, y allí tomará vuestra merced la derrota de
Cartagena», XXIX, pág. 409, es decir, que el Cura era de un pueblo situado
en el cruce del camino que llevaban hacia el norte, con el citado camino
Mérida-Cartagena o camino real de la Plata.
De
la venta del manteo de
Sancho, al pueblo de don Quijote, nos dice el Cura «no está más de dos
jornadas de aquí», XXXVII, pág. 523, lo mismo que habían tardado en venir;
y como llegan a su pueblo seis días después, suponemos que Cervantes
cambió el camino para prolongar su relato, como así lo creen diversos
autores.
En
contra de su primera intención, y posiblemente por la intervención de los
distintos personajes, el Cura y el Barbero, vuelven a salir de Sierra
Morena por el mismo sitio que habían entrado, y como Sancho se temía allí
les esperaba la Santa Hermandad; si bien por intercesión de sus
acompañantes no los prenden, XLV, pág. 641, «traía un mandamiento contra
don Quijote, a quien la Santa Hermandad había mandado prender, por la
libertad que dio a los Galeotes».
Emprenden
el camino con Don Quijote encerrado en una jaula de madera en un carro de
bueyes que por allí acertó a pasar, y en efecto en esta dirección pasaban
muchos carros vacíos después de haber llevado la madera de la Sierra de
Alcaraz a toda la Mancha y Campo de Calatrava.
Explicaríamos
la mayor tardanza si suponemos que optaron por el camino a Toledo desde
Villanueva-Cañamares-Ruidera-Argamasilla, para lo cual hacen hasta dos
leguas, XLVII, págs. 661 y 662, en esta dirección, y paran en un valle
para que pasten los bueyes; en el camino los alcanzan hasta seis o siete
hombres, servidores de un canónigo de Toledo que venía con ellos. «Vio que
a sus espaldas venían hasta seis o siete hombres de a caballo... deseosos
de llegar presto a sestear a la venta que meno de una legua de allí
parecía» (id), sin embargo el canónigo envía a por viandas a la venta para
comer con tan extravagante comitiva, se acomodan y comienzan a comer,
llegando a ellos un cabrero que les relata sus desgraciados amores,
después de haberlo tranquilizado con: «y el decir esto y el darle con la
punta del cuchillo los lomos de un conejo fiambre» y un trago de vino, CL,
pág. 701; comida, bebida y costumbre normal en esta región.
Si
el lugar de la comida fue como supongo «debajo del recuesto», LII, pág.
714, de la ermita de la Virgen de los Desamparados coincidirán las
siguientes circunstancias: Un pueblo tres kilómetros al norte de donde
trajeron la comida, de donde sería el Cura y de donde traerían a la Virgen
en rogativas, o porque el día 1º de septiembre se lleva al pueblo, por eso
el Cura conoció a otro que venía en la procesión, LII, pág. 716. Un
cortijo todavía llamado de los Canónigos de donde vendría éste, dos
kilómetros al sur y una aldea pequeña y rica como a tres leguas al sur con
un enorme y centenario álamo en la plaza donde Vicente de la Rocha contaba
sus aventuras, también como todavía hoy se sigue haciendo. «Sentábase en
un poyo que debajo de un gran álamo está en nuestra plaza» LI pág. 705 y
que no puede ser otro que el pueblo de
Albaladejo.
Ya nos dice Luis Ceballos la costumbre de Cervantes y de la Mancha de
llamar álamo al hoy llamado olmo negro, que es el que hay en dicha plaza.
De
aquí se despiden todos, llegando don Quijote a su pueblo el día tres de
septiembre, domingo, y terminando la segunda salida.